"¿Cuánto cobro?" es probablemente la pregunta que más ansiedad genera al iniciar. Cobrar de menos te deja exhausta trabajando el doble para llegar a lo mismo; cobrar de más sin experiencia puede cerrarte puertas antes de abrirlas. No hay una cifra mágica ni una tabla única que aplique a todas, pero sí una forma más ordenada de llegar a la tuya.
Parte de tus costos reales, no de una cifra que "se siente bien"
Antes de poner precio, suma lo que te cuesta dar cada sesión: el espacio (si rentas por hora, ya sabes ese número exacto), tu tiempo de preparación y notas, transporte si aplica, y lo que necesitas ganar al mes para cubrir tu vida. Si el espacio te cuesta, por ejemplo, $120 MXN por hora, cualquier tarifa por debajo de varias veces ese costo probablemente no es sostenible a mediano plazo, aunque hoy "se sienta bien" por llenar la agenda rápido. Haz el ejercicio con números reales: si necesitas cubrir $15,000 MXN al mes entre gastos personales y de consultorio, y realistamente puedes sostener 20 sesiones semanales, ese cálculo te da un piso mínimo del que partir — no un techo.
Investiga el rango real de tu zona, no el de otra ciudad
Los precios de consulta varían mucho entre Tlalpan, Polanco o Guadalajara — y también según especialidad y años de experiencia. Pregunta a colegas de tu generación, revisa perfiles de terapeutas con trayectoria similar a la tuya en tu zona, y ubica tu tarifa dentro de ese rango real, no en el promedio nacional que ves en foros genéricos de internet. Un paso adicional útil: llama o escribe como si fueras paciente a dos o tres consultorios similares al tuyo en tu zona para conocer su tarifa actual de primera vez — es información pública que cualquier recepción comparte sin problema.
Considera una tarifa de arranque, con fecha de vencimiento clara
Es válido empezar con una tarifa más accesible mientras construyes experiencia y cartera — lo importante es que sea una decisión consciente, con fecha de revisión (por ejemplo, a los 6 meses o al llegar a cierto número de pacientes), y no algo que se quede fijo por miedo a subirlo después. Comunícalo así desde el inicio si lo consideras necesario: "esta es mi tarifa de arranque mientras crezco mi práctica, y se ajustará conforme gane experiencia." Anota esa fecha en tu propio calendario — no dejes la revisión a "cuando se sienta el momento", porque ese momento casi nunca llega solo.
No cobres diferente por "caerte bien" el paciente
Es tentador improvisar descuentos caso por caso cuando alguien cuenta una situación difícil. Ten en cambio una política clara — por ejemplo, un número limitado de espacios a tarifa reducida al mes, con criterios definidos de antemano — para no terminar con una tarifa distinta para cada paciente sin ningún criterio, lo cual además complica tu contabilidad y puede generar resentimiento entre pacientes que comparan tarifas sin que tú lo sepas.
Revisa tu tarifa cada cierto número de pacientes, no cada cierto tiempo
Es fácil dejar la tarifa fija por meses simplemente porque "nadie se ha quejado". Un criterio más útil que solo el calendario es revisar tu precio cada vez que llegues a un número concreto de pacientes atendidos — por ejemplo, cada 15 o 20 pacientes nuevos — porque para entonces ya tienes evidencia real de que tu agenda sostiene esa demanda, y probablemente experiencia suficiente para justificar un ajuste. Súmale a esa revisión una pregunta honesta: ¿sigues sintiendo que el precio refleja lo que sabes hacer hoy, o sigue anclado a cuando apenas empezabas?
saca la calculadora, suma tus costos reales del mes (espacio, transporte, herramientas, tiempo administrativo) y divide entre las sesiones que realistamente puedes sostener por semana — esa cifra es tu piso, no tu tarifa final, pero es el número del que debes partir antes de compararte con nadie más.